En la familia Windsor, no es nuevo que un príncipe renuncie a sus obligaciones con la realeza. Por más escandalosa que haya sido la decisión de Harry y Meghan, ya hace 80 años la corona había vivido una situación parecida.

La historia se repite no exactamente igual pero es bastante similar. Fue el príncipe Eduardo VIII, hijo del rey Jorge V (abuelo de la reina Isabell II), quien abdicó al trono por amor, cuando le tocó ascender tras la muerte de su padre.

Corría el año 1936 cuando Eduardo estaba perdidamente enamorado de una actriz estadounidense de nombre Wallis Simpson. Ella también estaba en proceso de divorcio, muy parecida al caso de Meghan Markle.

Príncipe Harry y Meghan repiten la historia de Eduardo VIII

La familia, el Gobierno y la Iglesia inglesa se opusieron rotundamente al matrimonio de Eduardo con la americana divorciada. Por esta razón, el entonces príncipe de Gales (cargo que hoy ocupa Carlos) tomó la más dura decisión de su vida: dimitió a su puesto como máximo monarca.

“Todos conocen los motivos que me han impelido a renunciar al trono, pero quiero que sepan que al renunciar a mis derechos jamás olvido a mi país y al Imperio, que como príncipe de Gales y como rey he servido siempre fielmente. Pero deben creerme cuando les digo que me era imposible, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo, soportar la pesada carga de las responsabilidades y cumplir mis deberes de rey”, confesó Eduardo.

Luego de anunciar su dimisión en diciembre de 1936, conservó el título de Duque de Windsor. Su historia de amor con Wallis se pudo concretar el año siguiente en una boda privada a la que no asistió la familia real.

Así es como la historia demuestra que es cíclica. Este sábado 18 de enero, la reina Isabel II ha decidido quitarles los títulos honorarios a Harry y Meghan tras su decisión de separarse de las obligaciones con la corona británica.





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