Visten de negro y la mayoría oculta su rostro detrás de máscaras, gorras y capuchas. Es la indumentaria de las protestas en Hong Kong, el uniforme de un movimiento popular prodemocrático sin líderes ni caras visibles que ha tomado las calles para expresar un descontento social larvado que estalló con rabia medio año atrás.

Todo comenzó el pasado 9 de junio, cuando cerca de un millón de personas se manifestó en contra de un proyecto de ley de extradición a China. Esa medida colmó la paciencia de los hongkoneses, que hasta entonces contemplaban resignados como crecía la injerencia de la China de Xi Jinping.

En los días posteriores, hasta dos millones de personas salieron a las calles a defender su «Ley Básica» -una suerte de Constitución local- y el modelo «un país, dos sistemas», impuesto en 1997 cuando Gran Bretaña devolvió la colonia a China, que se comprometió a respetar durante 50 años la autonomía y las libertades heredadas de la antigua metrópoli de y de las que el gigante asiático no disfruta, como la libertad de expresión o el derecho de reunión.

Seis meses después, las protestas han invadido la rutina de Hong Kong. Se producen casi a diario, en todos los barrios y con gente de todas las edades y una mayoría de sus 7.5 millones de habitantes respaldó ampliamente en las urnas al movimiento prodemocrático detrás de las mismas.

«A pesar del triunfo electoral, no veo el fin de las protestas. La gente sigue enfadada con el Gobierno y la Policía», asevera Cheung Kai Yin, una de las candidatas del bloque de partidos democráticos que logró un puesto como concejal de distrito en los comicios locales del 24 de noviembre, vistos como un plebiscito.

TE RECOMENDAMOS:





Source link