Nadie duda de la capacidad ni de las buenas intenciones de Claudia Sheinbaum, pero va a necesitar algo más que eso para retomar el control de una ciudad que cae de bruces ante el acoso de la delincuencia.

La política de “abrazos, no balazos”, no funciona.

El convencimiento y la persuasión a los grupos delictivos para sacarlos del mal camino, era una quimera de campaña.

¿Ya sentaron a los capos de la Unión Tepito y a la Anti Unión a parlamentar entre sí, con la mediación de algún sociólogo o consejero espiritual?

¿Verdad que todo eso era rollo de campaña?

Algo muy grave está pasando como para que, en el cuatrimestre de diciembre a marzo, el robo en transporte público se haya incrementado en 197 por ciento con respecto al mismo periodo de 2017-18.

Las cifras son del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), y las ha presentado en estos días el reportero David Saúl Vela en las páginas de El Financiero.

De un año a otro se disparó el robo a los usuarios del transporte público casi en 200 por ciento. Eso no es normal. Algo se rompió en el control de la ciudad.

Es gente humilde a la que le roban la quincena, lo que llevan para comprar comida, el celular que con esfuerzos adquirieron.

No es el único rubro en que las cifras de la delincuencia se disparan. El robo con violencia a negocios en la capital del país se incrementó en 54 por ciento.

El robo a transeúnte dio un brinco de 157 por ciento en el primer trimestre de este año.

Y los homicidios dolosos crecieron en 133 por ciento.

Es cierto que hay un fenómeno de incremento de la actividad delictiva y de la violencia en el país entero, pero la Ciudad de México, como lo prueban las cifras oficiales, se descompone de manera alarmante.

Ayer mismo hubo 10 muertos en balaceras.

En pleno Polanco, en contra esquina de El Palacio de Hierro, unos empistolados mataron a tiros al mensajero de un despacho de abogados.

No se trata de hacer un escándalo por un crimen cometido en una zona donde vive gente de alto poder adquisitivo. Asombra porque todo ese perímetro está lleno de cámaras de videovigilancia y el crimen ocurrió a la hora de la comida.

Se perdió el miedo a matar, a robar, a asaltar. La autoridad está rebasada.

En caso de que hubiese habido alguna estrategia contra la inseguridad al arranque del gobierno capitalino, fracasó rotundamente.

Haber apostado a que se fueron los corruptos y llegaron los honestos, fue una falacia.

Si el problema era de corrupción en los mandos de los cuerpos policiacos, los que llegaron son peores porque los delitos han aumentado entre 54 y 200 por ciento.

Desde el gobierno federal se nos dijo que faltaba política social para quitarle base a la delincuencia, y decían la verdad.

El problema es que la falla sigue: no hay política social en el país.

Repartir dinero personalizado resuelve problemas individuales y crea lealtades electorales, pero no estrecha lazos en la comunidad.

¿Alguien de los lectores recuerda, a bote pronto, cómo se llama la secretaria de Desarrollo Social (o Bienestar) a nivel federal y qué ha hecho?

Todo es repartir dinero, como si eso por sí sólo arreglara el problema de violencia delictiva y no es verdad.

Dos capos de la Unión Tepito detenidos recientemente, el Alexis y el Huguito, eran beneficiarios de un programa social federal.

La Guardia Nacional son soldados y marinos con un brazalete que dice GN.

No han intentado nada nuevo los que dijeron ser diferentes.

Y la Ciudad de México va en caída libre hacia el infierno del sálvese quien pueda.

Fuente: Pablo Hiriart para El Financiero